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Agregado el 4 Sep. 2017 en

Virginia Rinaldi
Nacimiento1982
IdiomaEspañol
CiudadSanta Fe
ProvinciaSanta Fe
PaísArgentina
En el FIPREdición 25
Virginia Rinaldi

Virginia Rinaldi

Nació en la ciudad de Santa Fe el 14 de octubre de 1982. creció y vivió en un pueblo del departamento las Colonias, Progreso. Es docente de educación especial. Trabaja en una escuela especial para jóvenes dentro de un proyecto de alfabetización inicial. Publicó varios artículos en la revista Novedades Educativas y casos clínicos en la EOL Sede Santa Fe. Publicó el libro Aunque sea (Ese es otro que bien baila, Paraná, 2011).

 

 

1

Sentada en el baño la perra te ve llorar

Los ojos no pueden estar más astillados

El cuerpo empezó a romperse

por partes y vos no advertiste

a los testigos.

Todos sobrevivientes.

Todos en una tribuna silbando

sobre un tejido oxidado.

Vamos preparando la máquina

Vamos agitando ideas de revolución

chiquitas, imaginás,  pero que

tienen que vencer a la ciencia.

Ya no nos queda tiempo para

empezar de nuevo.

Como un pájaro de verano que

se alimenta de mosquitos

Vos creés que chupa néctar

y otra especie cede ante

la posibilidad del cambio de hábito.

 

La responsabilidad de encontrarte motivos,

de que algún día me digas: – madre terminé

el cuaderno, vayámosnos de viaje.

 

 

2

Hay un rincón en la ventana donde se

junta un poco de mugre con un poco

de agua con desinfectante. Nada

más exótico que levantar la persiana

Y que por parte el aire huela a tierra mojada

Con perfume  y otro poco

a encierro de escuela.

Hay cosas que no podremos unir jamás:

olor a limpio sin ser limpio

Y olor a viejo sin ser viejo.

Por atrás, en la calle, pasás vos

Tranquilo, sereno, esperando

que suceda un milagro de verano.

Registro cada movimiento entre

la reja, los fragmentos de tu

parsimonia me permiten poner

un orden de prioridad: primero

el árbol, después vendrán

los recortes de piel.

Debajo de todo

una palabra nos recuerda

que nuestros hijos son de otro mundo.

 

 

3

Miramos la vaina ya abierta,

hecha semillas, polvo,

restos de cáscaras crujientes y

la sonoridad  entre los dedos con

la convicción de reproducir una especie.

No tengas miedo de lo que vendrá:

olor a humo de pasto quemado,

olor a leña cortada con la dedicación

de quien sabe usar los espacios o el tiempo.

Tiempo y espacio viajan a la velocidad

del invierno: tipo 3 de la tarde

bajo el sol augurioso de julio

cortan pedazos de troncos sin

interrupciones. son todos casi

idénticos, son todos restos de puentes

entre los campos.

La sal y los chañares alimentan

a los hacheros pero los ponen sedientos.

Las vainas que miramos son detalles propios

de esta actividad económica que nos

recuerda que no hay agua en los alrededores.

Estas pocas gotas que bebemos

salen de la obra pública.

 

 

4

Miro el cuadro sobre la estufa: dos perros vestidos

de novia.

La fauna está de moda: quiero destrozarte los sentidos

de la época y que nos vayamos al campo,

como antes, que nos cruzábamos todo

el tiempo y me acompañabas

mientras crecía.

Mirábamos juntas la leche que emanabas

en bidones a los hijos del pueblo.

Fuimos  haciendo asociaciones con animales

autóctonos  a medida que pasábamos

de grado: caseros, mosquitos

y el resto todo domesticado:

perros, gatos o hámster.

Voy también escuchándote, fauna,

por las paredes  cuando los vecinos

azotan las cucharas de madera contra las

ollas esen. Campanadas de invierno,

aleteos y el despegue de pájaros en

alguna plaza de barrio.

 

 

5

Íbamos por la ruta de las cuchillas

sentíamos como si a cada auto que

pasábamos lo devorábamos como un pacman:

la gloria en cada auto que quedaba atrás.

Comimos  unas galletas y pensamos

en esos bebederos abandonados:

ahora son puro dengue, musgo

y renacuajos. La mutación de

una especie, como el amor

de hace diez años,  no se detectan

a simple vista.

Nos tomamos de las manos, están frías

como anestesiadas y por momentos

te siento latir alguna vena de la palma:

que suerte que no te acostumbraste a esta práctica

de parejas, las manos tomadas, la mirada

en el campo.

Ahora ese palmar en el medio de la nada

parece un souvenir de fiesta.

Los árboles rebalsan de nidos y nos miramos

como sabiendo que la vida tiene que

seguir su propio ritmo.

 

 

6

Cada tanto volvemos a ese viaje

en el que caminamos mil kilómetros

llevando el termo como si fuese

un cristo esmaltado. cuidarlo

de los pozos, de los choques con

los anillos o la mochila.

Si rompíamos la tapa le volábamos

la cabeza.

Fuimos creyentes,

nos amábamos a nuestra manera.

Años más tarde encontramos en la plaza

Del barrio una bolsa negra con ropa

nuestra tirada sobre el césped.

Un buzo un polóver y algunas remeras.

Me enternece tu pulover

en ese rincón, abajo del árbol.

Me entristece esta especie de placard

al aire libre, como una feria

americana de domingo

Por debajo de esa remera

descansa algún insecto

que reconoce el olor humano.

Nunca entenderían

por qué pasamos a cada rato por

esa placita, un poco desvestidos

a mirar nuestro pasado.

 

 

7

Te encontré en el campo

justo ahí donde crecen

las flores finitas

esas que chupaba de chica.

Te vi parado inmóvil.

El desconcierto en la ropa:

el vestuario no combinaba.

Te encontré en el campo

O te llevé dormido.

Te acomodé el brazo y me

tiré al lado:

brazo con brazo

haciendo presión

–       No te asustes

Voy a quitarte esos cardos

tipo abrojos,

uno por uno.

Voy a estirarte el pantalón

Y llamar a tu casa,

ordenar las cosas

y mostrarte cómo

crecen los árboles acá.

Ni te imaginás lo bien

que nos quedan las sombras

arriba de las rodillas

haciendo formas como

de alguna bandera new age.

Entonces sí: Nos miramos fijos

con los ojos brillosos

esperando sacar de la tierra

alguna conversación.

 

 

8

Un pájaro come migas

sobre la rueda de auto hecha cantero.

La supuesta comodidad del  caucho y la

pintura celeste ornamentan ese

Rincón debajo del árbol.

Un esfuerzo de estética del reciclado alerta

a la naturaleza: crecerás sobre ruedas usadas

y colores patrios. Verás lo que es brotar entre

conceptos de disciplina.

Una rama roza los cables de luz y vos inmortalizás

la fuga con tu celular.

Allá arriba no llega el alimento humano.

Acá abajo la mano que despedaza el pan lo entiende.

Cada que vez que se  revelan este tipo de verdades

Corrés a contárselo a tu mascota.

Creés que es cosa de animales.