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Agregado el 4 Sep. 2017 en

Rodrigo Quijano
Nacimiento1965
IdiomaEspañol
CiudadLima
Provincia
PaísPerú
En el FIPREdición 25
Rodrigo Quijano

Rodrigo Quijano

Trabaja como investigador de arte contemporáneo. Ha curado exposiciones para el Museo de Arte de Lima (MALI), Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Lima, Galería Gabriela Mistral (Consejo Nacional de la Cultura, Santiago de Chile), Pinacoteca do Estado de Sao Paulo, Banco de la República (Bogotá) y la Bienal de Venecia. Ha escrito para diversas publicaciones y catálogos, incluyendo “Cultura es lo que te hacen” (Es el arte un misterio o un ministerio, Inés Kazenstein y Claudio Iglesias Editores, Siglo XXI, Buenos Aires, 2017); “Fantasmas, flaneurs y fotografía” (Bisagra 003, Lima, 2017), “Terraza en Valparaíso & otros incendios”, en Los Nuevos Sensibles (Valparaíso/ Santiago, 2015); “Fernando ‘Coco’ Bedoya, Mitos. acciones e iluminaciones” (Edición de Sharon Lerner + Rodrigo Quijano, MALI, Lima 2014); “El sitio de la fotografía peruana” (MALI, Lima, 2013), entre otras. Fue incluido en las antologías de poesía latinoamericana ZurDos (Ediciones Paradiso, Buenos Aires, 2004) y El decir y el vértigo (Filodecaballo, México, 2004). Publicó Un acercamiento a S. Colonia y Una procesión entera va por dentro (Ritual de lo Habitual ediciones, Lima, 1998, y Vox, Bahía Blanca, 2015).

 

 

1.

1. Ahora bien, imagina que eres una bala
y eres los manifestantes, que huyen todos
en distintas direcciones.
Imagina que la bala es un misil
cargado de habitantes
que gritan todos su desconcierto
mientras se hacen un lugar
entre las venas, y tu corazón
y tu cuerpo se estremecen por completo.
Piensa que eres el corazón
que muestra emblemático una brillante bala de plata
y que la bala es el oro viejo
de una muela rota entre los gritos
de los grillos de una noche por la pampa
seguido por la policía.

Hay una cámara que especulada
busca la noticia y sabe
que toda imagen puede ser una denuncia
si el aujero es un visor por donde ingresas a la piel
a destruir todo lo que encuentras a tu paso,
como un niño suelto en una sala de jarrones
que explotan con su rojo contendido.
Bajo él vuelan los planetas,
Con más saturnos que auténticos milagros,
Una madrugada echado sobre el pasto,
Ya cadáver y ya desenfocado.

 

2. Ahora imagina que tu cuerpo explota de cansancio
perforado por la balacera.
Imagina que en el inicio
no eran las palabras sino sólo el inicio,
el hecho mismo –helechos–, y las flores
que bajan la frente en una balacera,
que arranca en una procesión

y tatúa los maduros cuerpos de los fieles,
donde alguien ha perdido la dorada hebilla del makario
y no sabe detenerse.
Acaso porque de ese charco vuela un aroma acre
con el brillo de una bujía devota
y porque hoy las fresas son cabezas en la playa
y los enigmáticos frutos que cuelgan de los árboles
son los muertos que contaste anoche;

 

3. sea por el viento que acaba de soplar,
o por el corazón que es un diamante,
sea por su seco ojo de vidrio y su gruesa lágrima de acero:

imagina que lloramos juntos
al leer estas palabras.

 

2.

1. Las horas están quietas en su ciclo
mientras nado en un compartimiento
inmediatamente superior al infierno.

No he tenido pena alguna en estos días
y sin embargo, nada se parece a la felicidad.
Esta vez el fondo de los mares parece ajeno al tiempo y al sonido
porque todo se filtra a través de una lupa
en la que flotan desproporcionados
los curiosos cuerpos aumentados de los muertos.

 

2. Los rabos de una planta en la pecera
delimitan sin dificultad una frontera
donde se reflejan sin problemas
los colores parcos de los peces casi ornamentales
y donde es casi comprensible
la desdoblada levedad del iceberg
y donde veinte marineros se zambullen para respirar con alegría.

 

3. Nada, sino el océano surcado a nado
Puede mantener el mundo a flote
Nada sino un corazón enamorado.

 

4. Arriba un cielo, paródico espejo de estas aguas
revive su pasado día a día sin problemas.
Este océano o este cielo
la suave pausa melancólica que me trajo a tus orillas
o tal vez el diapasón alcoholizado
de unos huaynos aprendidos en la infancia
y que aguardaban un llanto austero
solitarios en la madrugada
igual que un viaje en ómnibus por el desierto
y que viajaban silbados por el viento.

Flota en el mar o vuelve a tu cauce
pero sólo para no ser el mismo
o sólo para desaparecer asido por el tiempo y el sonido
de piedras que llevaba el alma: básicamente
tornasolados licores de fantasía y falsas perlas,

el caballo de totora que bajaba la pared de agua,
el río que navegaba quieto en su metáfora.

 

5. Sumido en este grave desierto y sin embargo
buceando
en un mar que se citaba continuamente a sí mismo
y que ocupaba con naturalidad una memoria
que yo creí con terquedad que me pertenecía entre la arena
pero era sólo arena en la que hundí la mano
y agua que caía entre mis pies.

Este océano o este cielo
esta vieja sombra en la que viejo
han empezado a desgastar su larga lengua
y su ausencia pura de significados.

Los santos, el yeso y las floridas vértebras de hueso
dispuestas para el decorado en rosas y en estrellas
listas, como rituales de constricción
o manualidad del serial-killer.

Ya nadie visita el significado oculto de estas tumbas
y sólo el mar parece dispuesto a comentarlo nuevamente,
una y otra vez.