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Agregado el 27 Ago. 2017 en

Robin Myers
Nacimiento1987
IdiomaInglés
CiudadNueva York
Provincia
PaísEstados Unidos
En el FIPREdición 25
Robin Myers

Robin Myers

Robin Myers, poeta y traductora, nació en Nueva York en 1987. Es autora de Amalgama / Conflations (México, Ediciones Antílope, 2016), Lo demás / Else (Argentina, Zindo & Gafuri, 2016; España, Kriller71 Ediciones, 2016) y Tener / Having (Argentina, Audisea, 2017). Ha traducido a diversos autores latinoamericanos al inglés. Su traducción de La lírica está muerta, poemario de Ezequiel Zaidenwerg, saldrá a principios de 2018 en Cardboard House Press (EEUU). Ha realizado una residencia de escritura en el Vermont Studio Center (EEUU) y otra de traducción literaria en el Centro Internacional de Traducción Literaria de Banff (Canadá) para traducir la obra de Alejandro Crotto. Vive en la Ciudad de México.

 

La metafísica de Pedro el heladero

Según lo veo yo, el cielo es otro mundo, nada más,
y yo no soy de ahí.
Vi un programa en la tele acerca de los peces de las profundidades,
que viven tan profundo que casi no son peces, sino apenas
pinchos y lamparitas que relumbran en un lugar extraño.
Nosotros no podemos bajar tanto, excepto en una máquina.
De intentar respirar, nos ahogaría el agua,
y nos aplastaría la oscuridad. Mientras que aquellos peces
se la pasan nadando por ahí, con sus luces de giro y sus dientitos,
comiendo lo que sea que ellos comen,
todas nuestras palabras y los planes que hacemos no nos sirven de nada;
y todas esas sombras y las cosas que brillan,
junto con la comida invisible de los peces,
tienen bastante más sentido que nosotros.
¿Por qué sería diferente el cielo?
Otro país por el que para entrar tenemos que morir,
y donde ya no importan la tierra ni la sangre ni los huesos,
y hay que aprender a parecerse al aire
después de caminar por tantos años.
Cuando a la noche prendo una vela al costado de mi cama,
eso es lo más que llego a parecerme
a los peces de las profundidades.
Se me voló el sombrero un día de viento;
quizá eso se parezca un poquito a volar
o a tener un espíritu o a ser uno. Jamás volví a encontrarlo.
Quizá llegue a algún lado antes que yo,
quizá me quede donde estoy sin él.

 

The Metaphysics of Pedro the Ice Cream Man
The way I see it is, heaven is just another world
and I’m not from there.
I saw this show on TV about deep-sea fish,
so deep they’re almost not fish at all,
just spikes and light bulbs, glowing in strange places.
We can’t even go there, except in machines.
We try to breathe there and the water would fill us,
the dark would crush us. While all those fish
swim around with their blinkers and teeth,
eating whatever it is that they eat,
and all our talking and running do nothing for us,
and all the shadows and shimmery stuff
and the fishes’ invisible food makes more sense than we do.
Why should the sky be any different?
Another country we have to die to get to,
and where land doesn’t matter anymore, or blood
or bones, and we have to learn to be like air
after all these years of walking.
I light a candle by my bed at night and that’s
the closest to a deep-sea fish as I’ll get to be.
I let my hat go on a windy day
and maybe that’s a little like flying, a little like having
a spirit, or being one. I never found it.
Maybe it’ll get somewhere before me,
maybe I’ll stay here without it.

 

 

La exnovia de mi novio me corta el pelo en Belén

Hace mucho, él la amó
y por un largo tiempo.
Toma un mechón de pelo mío en un puño.
Arriba, el cielorraso se arquea
como las costillas de una ballena destripada.
Me siento en una silla en el rellano.
Me dice: “No te va a doler ni un poco”.
Cuando me muevo, una mano entonada por el alcohol
me corrige, sosteniéndome la sien.
Está oscuro. Él espera adentro,
como si siguiese el ejemplo
de la luz. No puedo parar de acordarme
de dónde estoy. Al final de la calle
está la panadería que abre de noche, el negocio de la esquina
con sus estantes llenos de Raid y huevos,
la cueva donde Jesús se atragantó
con sus primeras bocanadas de aire mohoso.
La tijera me tira del pelo
y me lo corta apenas
debajo de los hombros. Shhh, tranquila,
dice ella. Está rapada
al ras. Todavía no sé
contar en su idioma.
Después voy a aprender y a olvidarme de nuevo.
Listo, anuncia con
una brusquedad que es casi ternura.
Mucho mejor. El camión que reparte
las garrafas de gas canta su triste canción.
Empieza a llover. Ella enciende
otro cigarrillo. Adentro,
él me toca la frente,
sonriendo, y parece sorprendido,
el espejo de su cara oculta
si estoy cambiada, o estoy
exactamente igual.

 

My Boyfriend’s Ex-Girlfriend Gives Me a Haircut in Bethlehem
He had loved her once
and for a long time.
She takes my hair into her fist.
The ceiling arches overhead
like a gutted whale’s ribs.
I sit in a chair on the landing.
She says it won’t hurt a bit.
When I shift, her tipsy hand
corrects me at the temple.
It’s dark. He waits inside
as if following the light’s
example. I remember where I am
incessantly. Down the street
is the night bakery, the corner store
with its shelves of Raid and eggs,
the cave where Jesus choked
his first gasps of mossy air.
The scissors tug at my hair
and slice it just below
my shoulders. There, there,
she says. Her own is shaved
to the skin. I don’t yet know
how to count in her language.
I will learn and then forget.
Good, she announces with
a briskness almost tender.
Much better. The gas truck
sings its mournful tune.
It starts to rain. She lights
another cigarette. Inside,
he touches my forehead,
smiling, and seems surprised,
the mirror of his face concealing
whether I am changed, or look
exactly the same.

 

 

Union Square Station

Después de tanto ardor  –tanto tratar
de encontrar las palabras y de tocar la carne,
la tibieza de ambas, o tan sólo
una manera de lidiar con sus efectos–,
después de tanto espacio que nos queda
cuando lo buscamos, sin importar si lo encontramos
o no, pienso, parada en la estación desierta
de metro, mientras un cellista solitario
munido de su arco hace que los armónicos
graves retumben por la cueva,
que debe ser deseo esto también:
dirigirse no al músico
(y sin nada de fuego), sino al tren: Sé lento,
sé lejano. Déjame que me quede
este zumbido visceral
en los pulmones. Oblígame a esperar.
No vengas nunca.

 

Union Square Station
After all the fervor –all the search
for words, the reach for flesh,
the warmth of both, or just
a way to cope with what they do–
and after all the space that’s left
when sought, whether found
or not, I think, standing in the empty
subway stop, while a lone cellist bows
his low harmonics into the cave,
that this, too, must be desire:
reaching out not to the player,
nor with any fire, but to the train: Be slow
and far away. Let me stay
with this raw sound humming
in my lungs. Make me wait.
Never come.

 

 

Luz 

Yo creo que al final es todo luz; creo que es aire.
Larry Levis

 

Yo creo que al final es todo luz. Pero no, finalmente,
porque sea algo hermoso o temporario, ni siquiera solemne. Una vez,

con un hombre del que estaba enamorada, fuimos al bosque a caminar y de repente comenzó a llover.
No estaba en nuestros planes. Pero igual le encantó; él era de Wyoming,

y estaba acostumbrado a amar aquellas cosas que el mundo decidía que podía manejar sin previo aviso.
Sacudía los árboles la lluvia. Convertía el sendero en un riachuelo, levantaba la tierra,

y a mí me parecía que jamás volvería a estar seca. Pero cuando llegamos hasta un risco
y miramos abajo, en dirección al valle, vimos que el sol se abría paso a través de las nubes

que antes lo ocultaban: súbitamente, la tormenta era una tormenta de luz.
Se tiñó todo el valle de un naranja profundo, los árboles brillaban doblemente:

antes por el otoño, ahora por el sol. El hombre
contemplaba, asombrado, el barro reluciente ante nosotros.

Yo creo que al final es todo luz, pero no porque cambie lo que toca.
Yo creo que él creía que estar ahí

nos convertía a ambos en parte del paisaje –y me tocó la cara,
donde tenía lluvia todavía, y quizá algo de luz-; y también me parece que creía

que de algún modo éramos responsables, en el sentido, al menos, de que siempre
lo somos de las cosas que decidimos ver. Yo creo que al final es todo luz,

no, sin embargo, porque nos bendiga o nos borre: sentí, al bajar
por la ladera, una especie de incómoda ternura por el cuerpo

que tenía a mi lado, este hombre cuya mano había tocado mi piel,
como si de verdad todo esto se tratara de su mano y mi piel; cuyo amor por el mundo

siempre será más fuerte cada vez que pose la mirada sobre él y mire cómo el sol
resalta todo aquello que él sabe verdadero. Pasamos por al lado de un arroyo

salpicado por esquirlas de luz, como si fueran peces.
Vimos la luz filtrarse por el aire. Y así vimos el aire. Yo pienso que al final es todo luz, pero tan sólo

porque no guarda relación alguna con nosotros, no nos puede ayudar,
tan sólo iluminarnos, de la misma manera en que ilumina una fila de árboles,

una ruta desierta, sábanas arrugadas al amanecer tras la partida del amante.
Pienso que es todo luz, porque nos encendemos y después nos apagamos,

luego nos encendemos otra vez, le demos importancia
o no a ese hecho. Porque no. No podemos.

 

Light
I think it is all light at the end; I think it is air.
Larry Levis
I think it is all light at the end. But not, in the end,
because it is beautiful or temporary, or even solemn in these ways. Once,
I was in love with a man and we hiked through the woods in a rainstorm.
This had not been the plan. But he loved it; he was from the mountains
and accustomed to loving things the world decided he could handle on short notice.
The rain battered the trees. It made a river of the path, unearthed the earth,
and I doubted I would ever be dry again. Yet as we reached a ridge
and looked out over the valley, the sun rushed through the clouds
that held it back, and the storm became a storm of light.
The entire valley went a rich orange, the brilliant trees doubly lit—
at first by autumn, now by sun. The man
surveyed, amazed, the bright wet earth before us.
I think it is all light at the end, but not because it changes what it touches.
I think he believed that our very presence there
made us part of what we saw—he touched my face,
where there was still rain, and perhaps light—that we were even,
somehow, responsible, at least in the sense that we always are, a little,
for what we have decided we are witness to. I think it is all light
at the end, but not because it blesses or erases us: I felt,
coming down the mountain, a sort of uneasy tenderness for this body
beside me, this man whose hand had touched my skin as if it really
were about his hand, and about my skin; whose love of the world
will always be fiercest as he looks down into it and watches the sun
spotlight everything he knows to be true. We passed a stream with shoots
of light in it like fish. We watched the light sift through the air. And so
we saw the air. I think it is all light at the end, but only
because it has nothing to do with us, can do nothing for us,
can only light us up the way it lights up a stand of trees,
an empty highway, a bed at sunup, rumpled on a lover’s way out.
I think it is all light, because we go bright, then dark,
then bright again, whether we mark its happening
or don’t. Because we don’t. Cannot.

 

 

Voy al parque a buscar un poco de orden

Voy al parque a buscar un poco de orden.

Un hombre toca la flauta
de cara al estanque,
donde los gansos arrastran las patas y cagan,
y los perros desatan su pánico feliz
como colibríes gigantes
e ignoran sus propios nombres,

y las parejas se agarran entre sí
en un abrazo solemne, para aprender
a bailar, y una nena
salta la soga con un buzo
que dice PRIMER AMOR
y su mamá toma de a sorbos algo
de un termo mientras la mira.

Un chico gordo en un triciclo
va a parar a una cuneta
y se levanta sonriendo.

Me dan ganas de llorar; si tuviera
algún derecho a darle la bendición
a algo,

se la daría a él, a su cuneta,
a su mechón despeinado, a sus dientes nuevos,
a sus tres rueditas que giran;

a él, ridículo, endeble, a salvo.

 

I go to the park for some order
I go to the park for some order.
A man plays the flute
toward the pond,
where the geese shuffle and shit,
and the dogs panic happily
like giant hummingbirds
and ignore their own names,
and couples take hold of each other
in a grave embrace, learning
to dance, and a little girl
skips rope in a sweatshirt
that says FIRST LOVE,
and her mother sips something
from a thermos, watching.
A fat child on a tricycle
runs himself into a ditch,
and comes up grinning.
I want to weep; if I
had any right to bless
anything,
I would bless him, his ditch,
his cowlick, his new teeth,
his three wheels spinning,
silly, flimsy, safe.

 

 

No hay nada que me guste más

No hay nada que me guste más
que tirarme en el pasto boca arriba

y acordarme de dónde vengo.
Vengo del pasto, y me gusta acordarme

de lo que me enseñó:
a ser pequeño, a mirar para arriba, a repartirme

parejo en el espacio que me den.
A amar la tierra húmeda. A amar

los dientes diminutos de las hormigas.
La remera manchada de verde. Los gusanos.

 

There’s nothing I like better
There’s nothing I like better
than to lie on my back in the grass
and remember where I came from.
I came from the grass, and I like to remember
what it has taught me:
be small, look up, distribute yourself evenly
over the space you are given.
Love the damp earth. Love
the ants’ tiny teeth.
The green stain on a shirt. The worms.

 

 

Claro que me avergüenzo

Claro que me avergüenzo
de estar hecho de lo que me hizo,

de perpetuarlo.
Durante mucho tiempo
confundí la palabra
con “perpetrar”,
y hasta el día de hoy no entiendo bien
la diferencia.

Cuando cayó la bomba,
la niña se elevó
igual que una libélula,
y toda la materia de la que estaba hecha
impactó el cielo raso
y cayó con el techo
otra vez a la tierra.

Los ojos de un morado a puñetazos, dilatados
sobre el cráneo
como ojos de libélula.

Claro que me avergüenzo
de estar hecho

de bomba,
techo,
ala.

 

Of course I’m ashamed
Of course I’m ashamed
to be made of what made me,
to perpetuate it.
I confused this word
with perpetrate for
a long time,
a distinction I still cannot really
understand.
When the bomb hit,
the little girl rose
like a dragonfly,
struck the ceiling with everything
she was made of,
and fell with the roof
back to land.
Her eyes pummeled purple, distended
around her skull
like dragonfly eyes.
Of course I’m ashamed
to be made

of bomb,
roof,
wing.

 

 

Por un tiempo intenté escribirlo todo

Por un tiempo intenté escribirlo todo:

pájaros vistos al pasar en caminatas,
comidas compartidas o no,
novelas manoseadas,
vísceras de animales impresas por las ruedas
en el pavimento,
nombres,
las cosas que pasaron por la cara
de mi papá los meses
de su enfermedad,
los vecinos y las cosas que les escuchaba
gritarles a sus hijos,
sorpresas meteorológicas,
qué día era,
qué hora.

Era insoportable.
No se acababa nunca.

Todo es un catálogo de mierda, le espeté
a mi amigo el biólogo,
como si le estuviera mentando a la madre.
Me miró desde el jardín,
sonriente, lleno de tierra.

Todo,
dijo.

 

For awhile I tried writing it all down
For awhile I tried writing it all down:
birds glimpsed on walks,
meals shared or not,
novels dog-eared,
animal organs skidded
into pavement,
names,
things that shifted across
my father’s face in the months
of his illness,
neighbors and what I heard them shout
to their children,
meteorological surprises,
what day it was,
what time.
It was infuriating.
It never stopped.
Everything’s just a fucking catalogue, I snapped
to my friend the biologist,
as if insulting his mother.
He looked up at me from the garden,
smiling, full of dirt.
Everything,
he said.

 

 

Pensá lo que sería

Pensá lo que sería
si los pinos en sus arboledas
estuvieran hechos,
como tantas otras cosas
hoy en día,
de metal
o de plástico,
o de plástico fabricado para parecer metal,
algo inexplicable
para mí.

Pensá el ruido
que harían si el viento
se filtrase a través de sus agujas,
los inconmensurables golpecitos
de sus dedos infinitesimales,
el ruido, el ruido,
el barullo de todo lo innecesario
que diseñamos
para que se anuncie a sí mismo
continuamente.

Buscate un bosque
donde pensar en eso
y ponete a pensarlo.

Recibí
la bendición
de verte rodeado
de árboles que siguen estando hechos
de árbol,

algo que siempre ha sido un ser viviente
que por lo general guarda silencio.

 

Think of how it would be
Think of how it would be
if pine trees in their groves
were made,
like so many other things
these days,
of metal
or plastic
or plastic made to resemble metal,
something inexplicable
to me.
Think of the clatter
they would make if the wind
sifted through their needles,
the immeasurable tapping of
their infinitesimal fingers,
the noise, the noise,
the racket of everything needless
we have designed
to announce itself
continually.
Find yourself a forest
to think of it in
and think of it.
Accept
the blessing
of being surrounded
by trees still made
of tree,
which has always been a living thing
that is mostly silent.

 

 

Y cuando

Y cuando
en un sueño le pregunté

a alguien más inteligente que yo
por qué tanto

quilombo, me dijo:
por amor, y yo le dije: Dale

dejate de joder, si al final
todo termina,

estamos hechos de agua,
vivimos en un derrame

de petróleo, para besar el mundo
nos tapamos la boca con un pañuelo,

inventamos
las balas de goma,

debe haber
algo

más. Y me di cuenta
de que ella no me iba

a responder
de nuevo.

 

 

And when
And when
in a dream I asked
someone wiser than myself
what the hell it was all
about, she said
love, and I said Oh
please, but it all
falls away,
we are made of water,
we live in an oil
spill, we kiss
the world through a handkerchief,
we invented
rubber bullets,
there must
be something
else. And I saw
that she was not
going to answer me
again.