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Agregado el 5 Sep. 2017 en

José Laura
Nacimiento1987
IdiomaEspañol
CiudadCochabamba
Provincia
PaísBolivia
En el FIPREdición 25
José Laura

José Laura

Poeta, conductor radial, fotógrafo y veterinario. Parte de su producción fotográfica puede verse en su flickr. Participó del III Festival de Poesía Transfronteriza Panza de Oro, en Cochabamba, Bolivia, y del Matute Poéticas Transfronterizas, en Iquique, Chile. Poemas suyos fueron incluidos en las antologías f/22 (La Ubre Amarga, Cochabamba, 2011), 1.000 millones: poesía en lengua española del siglo xxi (EMR, Rosario, 2013) y Ulupica, trece poetas bolivianos actuales (Libros del Cardo, Chile, 2016).

 

Inéditos

 

Enclave

Y así los días se marcan entre
la inspección sanitaria de obligación,
la visita maternal cada vez disminuida,
la simpatía del vecino a la hora de la comida;
y da lo mismo
abrir y cerrar los ojos
a las cuatro de la tarde, un domingo,
o en agosto
como si la luz del sol o de la ampolleta
fueran una misma cosa.

 

 

Sobremesa

Recelosos de todo
Entusiasmo
En la mayoría dispuestos
En algún momento
A soltar la anécdota
Relatos
En repetición ensayada

 

 

Cardinal

Cientos de letreros
Rezan en el que hay que
Hacer
Comportamiento
Buen convivir
Vecindad

La dirección del pis hacia el inodoro

Para no olvidar
Los modos civilizados

 

 

Brida

La pensión va haciendo
Sitio
A la manera como los
Colchones viejos
Asumen
La forma de los alojados

Somier

La quincena nunca
Se detiene

 

 

Praxis

De la puerta a la
Pared del fondo
Tres pasos y medio
Quizá cuatro
De ancho el de un pasillo mediano

 

 

Hasta la desocupancia

 

 

en 1.000 millones (2013)

 

Plafón

Qué importa saber que no
podremos despedirnos.

En este medio día en que las bolsas plásticas
se deslizan bajo el buen tiempo,
y los vecinos atareados doblan
las esquinas en busca de trufis.
Me tomas de ambas orejas.
Estiras como si así yo pudiese ganar más estatura;
un centímetro sería suficiente.

Estiras
con la convicción de que pasado mañana
ya no seremos iguales.

 

 

Pilar

Cojeando y con la espalda encorvada
jugamos a ser ancianos.
Y el roce vigoroso de nuestros bastones
desmigaja la pared en polvadera.

Los vasos de cristal, a salvo, nos miran desde la vitrina.
Esos que nunca serán usados.

De a poco, como gotas que se juntan
en la tapa de la olla
mientras se espera a que cueza la sopa
el hastío nos mueve a contrarreloj.
Por turnos zangoloteamos en la alegría de lo
recién olvidado.
Y ante el mutismo de los adornos
aprendemos a maniobrar nuestros reflejos.

Afuera, aún, no hay niños que corran.

 

 

Revoque

Frenamos tan al mismo tiempo
que desde el costado
no fue posible reconocernos.

Bajo la mirada benevolente de lo logrado
y en medida de lo posible
crecíamos a la par.

La sensación del ineludible extravío,
que a la manera de una cuña que abandona la pata
y deja la mesa al bailoteo de lo cotidiano,
propiciaría el afán y la llegada.

Alguien que no despreciaría los vasos de leche.

 

 

Plomada

Es inútil el ejercicio de trastear el agua
de una esquina hasta la casa
frotar el fondo
quemado de una olla,
soplarles a las moscas volcadas
en la orilla de la ventana,
o desconfiar de las hilachas en el sillón

Nadie dijo que los muros contendrían nuestra ausencia.