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Agregado el 27 Ago. 2017 en

Héctor Piccoli
Nacimiento1951
IdiomaEspañol
CiudadRosario
ProvinciaSanta Fe
PaísArgentina
En el FIPREdición 9Edición 25Edición 2Edición 1
Héctor Piccoli

Héctor Piccoli

Poeta bilingüe y traductor. Licenciado en Letras por la Universidad Nacional de Rosario. Profesor titular del Departamento de Idiomas Modernos en la misma universidad. Publicó Permutaciones, con E. M. Olivay (La Cachimba, Rosario, 1975); Si no a enhestar el oro oído (íd., Rosario, 1983); Filiación del rumor (Armando Vites Editor, Rosario, 1993); Fractales (Ciberpoesía eLe, 2002); Antología poética, con selección y estudio preliminar de Claudio J. Sguro y notas del autor (Serapis, Rosario, 2006); Transgrama – Una poesía y una poética de la contemporaneidad, con Claudio J. Sguro (Ciberpoesía eLe, 2011) y La nube vulnerada (Serapis, 2016). Es director de la Georg Trakl Sprachwerkstatt, instituto privado para la lengua y la literatura alemanas y miembro del CETEC (Centro de Estudios de Teoría Crítica). Fundó Biblioteca ele (editorial del libro electrónico).

 

De Permutaciones  (1975)

 

u

N gor

(:rió;) N

en

la sat

i (nada)

m (ampara)

de

su dicha (;)

nubla

parda hu (ella)

a que el ciel

o se a (tiene) (.)

u

N gor

(:rió;) N

 

 

De Si no a enhestar el oro oído (1983)

 

La manera del agua estuvo siempre
ya
en el contorno de este cántaro;
la del aire
en el velamen fracto del sauzal:
tu sed es el ventalle
que reitera, la coextensiva referencia de las cosas.

 

Y el deshojado índice en la pantalla cinérea?
La mano gualda
y múltiple, del pronombre rupestre?
En la soflama del zócalo
una mano (o una venatoria) deviene yacimiento, estética.

 

No se escinden así las geminadas alas,
el palimpsesto del cielo.

 

Una cintura, –sin embargo–, se quiebra en el brocal
hacia la estrella querellante;

 

y el denuedo de la forma
enfrenta el primer peligro del reflejo.

 

Pero el vórtice, el vórtice que la presa acosada
ha galopado hasta fuera de sí misma
no se ve, se conjetura;
es ésta la muerte? –Una vaharada de mundo

 

florece en la lisura del instante no significado

 

 

Dominica

La cestería en la rotonda preterita cada oquedal práctico,
cada colado jardín que manuscribe
y deslavaza el mimbre reticente.

 

Felino norte ambula,
pierde pelo en estera e intersticio
que procnes no avalúan; atenacea abajo
escápula la albura
si ballesta sedente y dosel de nieve dura.

 

Trinca así la primavera, cándido choteo
cuclilla criolla bajo hilachas de flor fría,
implosiva umbría que constela el botalón con tacha fértil;
mientras otra hacia el este de bosque lasca cóncava,
no por cautivas de anfión amurallada,
por ondas almenada,
a enjaezado yantar payol procura,
podio estría a planta desnudada.

 

Del cenit abomba el caparacho un copo ápodo,
sutiliza ejido a resguardado yaraví;
y en las manitos rezonga,
reverbera el momo copto al acidular trocha velera,
masca su ostracismo con fúnebre molar, si ebúrneo,
en boca de milonga.

 

 

De Filiación del rumor (1993)

 

Liras del árbol sobre el azul

Si en el aire caudal
apaisaran tus briznas cada viso,
y con aliento igual
a aquél que te deshizo
aquí, temblara allí otro ‘paraíso’;

 

si tu ceniza alzara
del polvo nuestra ansia a lealtad más leve,
y la tierra cesara
y su séquito breve
de hacer, si aherroja, sentir que conmueve;

 

carne sería enclave
de criatura total en avenida,
morar, frecuencia suave
en la onda detenida,
eternidad de adviento y despedida.

 

Y hallaría el dolor
omiso ya y común lema unitivo,
por tu inflexión de amor,
dicha aun, de lo vivo
en la abstracción sin fin y sin motivo.

 

 

Zéjel del ejercitante

Lo que en ti extraña ese viento
es luz y el desasimiento.
Amor hace en dos el modo
de la aljaba: guardar sólo
la que será huida hacia el todo
que no alienta con tu aliento.

 

Vivir exige un dintorno
y expirar, de sí el retorno
a la claridad que en torno
te divide ciento a ciento.

 

Siendo se está en soledad
desasido de unidad,
o volviendo a la heredad,
y es doble el desasimiento?

 

Tu corazón puede oír
caer ciega hacia el nadir
un ascua viva y sentir
la misma muerte que siento.

 

A un rubor común refluye
rostro y fruto: mas concluye
la noche, en alba aun que intuye
y no aprehende el pensamiento.
Lo que en ti extraña ese viento
es luz y el desasimiento.

 

 

De Fractales (2002)

 

A una alhaja hallada en la holladura de la isla a media tarde

Albufera fluvial, vadeado lodo,
su delicia sumida en el detalle
por la fresca oquedad de una pisada,
aljofara la araña, abstrae de todo.

Baja haciendo un jirón en el ventalle
el ganado letárgico a la nada,
porque abrevada quiere ser la gracia
aun en la ceguera de la bruma.

En ese hoyo fértil, huella lacia
–cual crespa deja póstuma la espuma–
mira el milagro en el brocado, enigma
a hora flava: la gota de rocío.

Con toda la dulzura del acecho
fulgura su flexión sin paradigma,
la plata extensa de hálito baldío,
que es lapso, y luna y dura en sol deshecho.

 

 

Haiku

con Lucio

 

Vibrante verde:
corazón, ¿aún lates?
–No, colibrí.

 

 

De La nube vulnerada (2016)

 

Florescencia de Ana

(sobre el poema de Kurt Schwitters „An Anna Blume“)

 

“Benéfica”, si virgen geminada,
sobrio eres seno del seno del Señor,
y mides sólo un ana y media de mi amor.
Si anadeas, soy el nauta
de tu rosa y de tu rumbo;
tú la imanadora
de mi ebrio botalón.

Ana, si te tiendes y especulas en la grama:
¿Ha…? nn… ¡ah!…
Ana, gramática eres, estuosa,
entrópica, turgente,
sujeta al don Gerundio
que te predica la gente.

Mas si mi énfasis radioso penetra tu corola,
el verticilo de tus brazos y tus piernas
se hace vórtice de un súbito ciclón;
te pierdes en el sueño y en memoria de amapolas,
y jadeo, murmuro, balbuceo ana-
lectas del gozoso turbión
que injerta te oí a solas.

Anagógica me izas a la mística almena
de tus dientes,
Ana, lista disuelves con tu ascua las pellas
del presente.
Me yergo en tu atalaya y de allí caigo
hacia tus pétalos, los párpados
en que palpita tu ojo ciego,
mi anaglifo glauco,
Ana, escurro el néctar
de tus botones de alcanfor,

de tu anáfora ilícita: ana-ana,

al besarte apuro
las reliquias de un recóndito licor…

¿Recuerdas, Ana,
cómo entre tú y yo
en sí misma
la luz se derramaba,
cuando al ceguezüelo rüin en láctea vía
despojamos juntos de la venda y de la aljaba?

[Poema en correspondencia (Korrespondenzgedicht), compuesto
y traducido por el autor al alemán, para el certamen poético
de la Exposición Universal del año 2000 (Expo 2000) en Hannover.]

 

 

Meditatio mori

Será como un cansancio lento, lento,
una cauta indolencia en el verde y el rubor,
la certeza de un suave desaliento,

o memoria en miríada ansiosa y sin tenor;
será un intercadente apego a lo apaisado
y un confuso recato ante el ardor;

quizá un viso del miedo descepado
o la tácita alianza desafecta
con seres y con cosas, siempre al lado

y en fuga, en el desmayo de la recta
que aguza una calle en perspectiva
y la arrrebola, y guarda, y la proyecta.

O será un golpe plúmbeo y tan urgente,
o zozobra, tal vez, de una estancia, convulsiva,
y una paz desasida y coalescente…

–No sea el apremio que cautiva,
ebrio y febril, el juicio en el retiro,
un irupé ajeno al agua esquiva,

que se mece, insomne, en el zafiro,
y sin embargo, sueña: flor enferma,
receptiva incesante y sin respiro,

cayendo en la otra noche vasta y yerma,
mientras afecta, sana y recidiva.

 

 

Tanka

I

Polvo de plátanos
resuelve un tigre en oros
de primavera.
Con un vano ahínco
tu juventud se aleja.

 

II

La sociedad
de notas suspendidas
y una garganta.
Cerca el gárrulo enigma
en celo la calandria.

 

III

(ante una santarrita)

 

En tenue púrpura,
la abogada trifolia
de lo imposible:
sopor sólo, indolente,
por lo que es, fue y será.

 

 

Discurre acerca de la rosa como paradoja
del espacio y figura de lo efímero

¿Qué cultura ilumínase en la rosa?
La corola concentra, niega filas
con la curva almenada que aniquila
la extensión, en fragancia minuciosa.

¿Qué hora le urge, de qué espacio rebosa?
Se abisma en carmesí y sangra tranquila,
o gualda o nívea la luz que asila
irisa el presagio de la fosa.

Es paciente labor, es voz abstracta
que ha resuelto el amor en una escena,
en que al pugnar por ser, la forma pacta

con el ojo o la abeja entrega plena:
consagrarse en prisión, eterna, intacta,
por la necesidad que la condena.