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Agregado el 27 Ago. 2017 en

Gustavo Sánchez
Nacimiento1984
IdiomaEspañol
CiudadSan Juan
ProvinciaSan Juan
PaísArgentina
En el FIPREdición 25
Gustavo Sánchez

Gustavo Sánchez

Trabaja como docente en escuelas y colegios de nivel secundario. Publicó Humo (EFU, San Juan, 2010), Asuntos internos (Poderosa Lectura, San Juan, 2013) y Nada que hacer (Neutrinos, La Paz/Rosario 2016). Participó también de las antologías Entonces aquí: 22 poetas de San Juan (EFU, San Juan, 2012) y 40 velocidades: colección de poemas en bicicleta (Neutrinos, La Paz/Rosario, 2014). Pedregal obtuvo una mención en el Primer Concurso Nacional de Poesía EMR 2017.

 

De Pedregal (2017)

 

 

“Cuando seca endereza”

(Pintor de obra, amigo de Brenta)

 

 

20 campo afuera

Hacia delante la ruta, sembradíos, pastizales, algunas casas;
en suma la línea del horizonte que aparenta por efecto del estío
ser toda ella una fuga de gas, no parece razón suficiente
como tampoco el sudor que perla los rostros arrugados como puños
y enciende las caras de los críos sobre brazos fastidiados por igual
para que alguien abra una de las ventanas y otro
no le señale que la vuelva a cerrar.

 

 

*

 

Blanca bola de un golpe lanzada por la noche, el amanecer
dispersa por las calles a las mujeres antes ordenadas por el municipio.
Pasan con sus hojas de palma por las banquinas
haciendo de la hojarasca que ya barrieron ayer,
otra vez la misma polvareda.

 

 

*

 

Al primer corte el agua brota hacia los costados como
sangre de una herida. Es agua, sí, pero esas botellas obstruyendo la arteria
sobre la alfombra tendida verde todo a lo largo del canal son de gaseosas
y esas otras de vino; junto a unos cuantos pañales y al fruto de otra clase de poda,
el rigor mortis de un perro es ablandado por los gusanos bajo una densa,
frenética nube de moscas que danzan para acomodarlo cuanto antes
en el olvido u otro orden de cosas.
El olor a empanadas –más cebolla que carne- que trae el sur a ramalazos
no hace más que confirmar que allá, en algún lado,
también se celebra la llegada de una nueva vida aunque
por tanta cebolla alguien llore y no se sienta casi la carne.

 

 

*

 

En una esquina de estas yermas tierras,
fértiles para –de entre la flora y la fauna- las más achaparradas
y por sedientas proclives al fuego,
una camionada tras otra de piedras esparcidas
hasta los bordes de un par de veredas y para completar el cierre,
por toda sombra a la hora que ya no hace falta,
un cañaveral a la par de una acequia
cuando ni uno ni la otra deberían estar ahí,
han levantado de troncos un portal para indicar que eso
ya no es lo que era y ahora es un Paseo de artesanos.

 

 

*

 

De pie a la entrada principal de la pérgola
que divide la plaza en cuatro, donde la gente del lugar,
desparramada en la sombra, pace distraída en las últimas horas de la tarde,
la estatua uno en uno de doña Paula con el puño cerrado a la altura del vientre
mantiene juntas las puntas de una manta que aún sueltas
ya no podrían abandonar sus hombros y soporta
a horcajadas este cuerpo montado sobre sus caderas,
la cabeza sostenida entre sus manos a la altura de las orejas:
una escena que, de estar en igualdad de condiciones
como en la lucha libre o el vale todo
debería terminar en un beso, un labio o nariz destrozados
y que aquí, en cambio, se resuelve
en un sanguinolento escupitajo entre ceja y ceja.

 

 

*

 

Tañendo por entre los hierbajos, el choco
en un último esfuerzo por ir de cuerpo
crispa, arquea el lomo y nada;
ni esperanza, asombro o desesperación
al poner el hocico donde antes el rabo.