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Agregado el 27 Ago. 2017 en

Greta Montero Barra
Nacimiento1986
IdiomaEspañol
CiudadCoronel
Provincia
PaísChile
En el FIPREdición 25
Greta Montero Barra

Greta Montero Barra

Nació en Coronel el 01 de agosto de 1986. Es autora de Balada del Señor Cuervo (Editorial Overol, 2016) y de Dummies (Ediciones Inubicalistas, 2013). Poemas suyos fueron incluidos en la Antología histórica de poesía: Balmaceda Bío-Bío 1998-2010, editada por Rodrigo Hidalgo (2011) y en 1.000 millones. Poesía en lengua española del siglo xxi (EMR, 2014). En 2009 ganó el Premio Especial (poesía) del concurso de Creación Literaria Joven Roberto Bolaño del Consejo Nacional del Libro. Es candidata al grado de Doctora en Literatura por la Universidad de Chile y becaria Conicyt de Doctorado Nacional desde el 2014. Se encuentra trabajando en su proyecto de tesis doctoral titulado “Representaciones y reelaboraciones del sujeto femenino colonizado en dos novelas caribeñas del siglo XX”. Trabaja como Coordinadora Académica en un colegio particular de Calera de Tango.

 

 

De Dummies (2013)

 

Para mis fabricantes en su extensa
cadena de favores

Recordaba la señora K
cuando llegaron los primeros dummies
en un artefacto de metal
que relucía a la luz del sol
como una moneda girando en el aire

Por un costado de ese objeto de plata
se abrió una puerta y apareció un muñeco
vestido con ropajes de otro tiempo
como salido de un retrato
de la era Cenozoica muy parecido
a los mamíferos del Holoceno

El viento movió las hebras de pelo rojizo
que colgaban del cráneo semidesnudo
de la señora K

La sombra del señor K se dibujaba
inmensa en el marco de la puerta

Es hora de ir al pueblo le dijo él
con voz imperativa

La señora K se quedó mirándolo en silencio

Sus ojos amarillos húmedos y dulces
evocaron el lejano y pálido fondo del mar
antes de ser expulsados de su casa

También las canciones que le cantaba
su madre cuando tenía fiebre y la nieve
que caía se quedaba enredada
entre los ganchos de los abedules

 

 

Debemos contar algo
dice el patriarca

Debemos contar algo dice el patriarca
mientras gotean las fosas del lado norte
y los perros sin olfato se desvanecen
a media tarde
entre los ciento cincuenta escalones
que llevan a los arenales

El patriarca después explica
que todo es una partícula
de estrella muerta
que las praderas son los reflejos
del cielo
y el horizonte un largo y extendido
espejismo de frases hechas

Todos somos animales
de buenas costumbres al fin de cuentas

La verdad es que yo soy Percival

Lanza en ristre y melena al viento

Una bestia húmeda de ojos saltones
y un morral de caza
en mitad del empedrado

A veces sucede que las olas
se estrellan en la playa sin espectadores
ni escenario

Y yo veo la Tierra tras los visillos
como una gran roca
desvencijada y sin pertenencias

Ya no queda nadie entonces
de subida ni bajada
que me pueda decir si estoy aquí
o del otro lado en el desierto

 

 

Nada de esto para el gran público
resultó sorprendente

Al despertar por la mañana miro
de reojo
el corte en mi mano derecha
que un vidrio
astillado me hizo en la prueba N3
de la jornada anterior

Me arrullo sin precauciones
entre las sábanas
de algodón sintético
los rayos
de sol de un nuevo día
de verano me dan contra los ojos

Me levanto voy a la ducha
desayuno
huevos con mantequilla
beso a mi mujer en los labios
recién pintados
el auto
que hoy me corresponde
ruge como un animal cansado

Todo me dice que será un día
satisfactorio
como casi todos los días anteriores

Salgo a las calles

No me será fácil
olvidar
los mismos rostros
reventados
del día anterior

Aparco mi auto en las cercanías
doy unos pasos
justo después de arrollar
una ardilla
hecha de madera e hilo blanco

Quién sabe si tendrá otro color
para mañana
o si será un perro cuando la despedace
en la prueba siguiente.

 

 

Será un perro cuando la despedace
en la prueba siguiente

Una noche comenzamos la invasión
nave tras nave aterrizamos sobre la superficie
picando las rocas con nuestras mandíbulas de acero
y dientes de titanio

La dulce tierra aún expelía un aroma de azahares
y enredaderas como los jazmines de Persia

Los llevamos a rastras a través de los cercos
de alambre

Teñimos sus ropas con carbón y en su frente
sellamos un código de barras

Apilamos sus cuerpos por cientos
unos sobre otros como a nosotros nos apilaban
en las bodegas de antaño

Revoloteaban sobre sus cabezas agonizantes
las moscas verdes y gordas de los basurales
y los mataderos

Después apagamos las máquinas y dormimos
plácidamente imaginando las hermosas

 

 

Cuando el quinto ángel se llamó
Clint Eastwood

Quién sabe si esta noche te encane la muerte
quién sabe si tu temprana calvicie tenga algo que ver
con mi abandono

El resultado pudo haber sido la laxitud de tus miembros
un perro sin ojos llorando en el portón del antejardín
un tazón de leche que se sube

Fuiste la desconocida que se miraba las tetas
en las vidrieras de la Plaza Veintiocho de Marzo

El amor del cordero que se reflejaba en el retrovisor
de una camioneta lejana

También el sismo del año 65 al norte del Bío Bío

El maremoto de Sumatra el octogésimo cuarto día
del calendario gregoriano

La misma fecha en que entrevistaron a George Lucas
sobre las Crónicas de Mythica

Fuiste el nombre de la villa ésa
donde vendía cebollas el poeta de las cuatro esquinas

La hembra que apenas se sostuvo en pie
cuando John Kincaid le besaba el cuello justo debajo
del lóbulo de la oreja izquierda

El efecto o la causa a todas luces de una mujer
muy parecida a mí gimiendo a lágrima viva frente
a los Puentes de Madison

 

 

De Balada del Señor Cuervo (2016)

 

Animalas imaginarias

Nosotras, sin darnos cuenta,
en algunas ocasiones,
creíamos
que Emily
y Anne
eran nuestras hermanas mayores.

Echábamos de menos a Mary
y Elizabeth,
que habían muerto
muy pequeñas.

Por momentos, también,
nos confundíamos con quienes
eran
nuestros verdaderos
padres
y las historias que inventábamos.

Pero nosotras, sí, sabíamos,
que nuestra casa
no era un museo
ni habitábamos en Angria,
Gondal
o Glass Town
como a veces jugábamos.

Éramos sólo mi hermana y yo,
en un pueblo minero del Golfo
de Arauco,
hojeando de tarde en tarde,
libros
de otro tiempo,
bajo el cielo verde agua
de mi dormitorio,
situado en una población
sin nombre
del extremo sur del mundo.

 

 

Porque tú escribes novelas, Carlota,
y yo soy propensa al engaño de vivirlas

Te contaría otra historia, hermana,
en la que quizás tú
sólo podrías
pensar
en concordancia con las leyes
de crianza
que ya antes de nacer
habían escrito nuestros padres.

Te contaría, Isidora, una historia
donde tú
te quedaras
con él y con su esposa alienada
corriendo
juntas por los pasillos de Thornfield.

Te contaría, Jane, una historia
donde tú
abordaras un barco
y partieras
sola a las Indias Occidentales.

Te contaría, Antonia, otra historia,
visiones
de pantanos
y víboras en el centro del mundo,
donde tú
olvidaras tu propio nombre
para no regresar
jamás junto a Rochester Fairfax.

 

 

Ellos dormían cada noche sobre
el anaquel de los libros hasta
el día siguiente

Ellos venían en picada
sobre la estancia,
en la penumbra
que dejaba entrar el sol
al caer la tarde.

Saltaban sobre el agua
derramada
en el cobertizo
y los trozos de carne y pan
a medio comer
en los tablones de la mesa.

Extenso y traicionero,
como el gusano de Gobi,
el río Butalebú
se escurría
hacia el mar,
alerta a los descuidos
de los bañistas
que en algún momento
de sus excursiones
bajaban la guardia
y eran arrastrados
por las aguas,
bajo su bien ganada fama
de devorador de sombras.

Ya hacia el final de la noche,
para bien
o para mal alzaban
su vuelo, desde el fondo
de nuestros ojos,
del follaje inmóvil
del cielo
como titilantes puntos
amarillos dispersos en la bruma.

 

 

Éxtasis de Berta Mason

Desenredo los tentáculos
los lábiulos fructíferos y acidantes
del óculus.

Su mádurio músculo espátulo
en mi exúberans vellosidad
sin pausa ráfora
y en divino arrebato
hiende expirante
y se detiene como viento
y sobrevuela
el vacío el silencio la arboleda.

Hacia mi cruz sin brazos
que transverbera y comparece
trustrús sin mácula se viene
silente espeso
y alabado aflora
sobre mi fructis vestus anegada.

 

 

Alma pater

Sólo después que DJ Apolo
fundó sus iglesias,
a todo lo largo
y extenso
de la Avda. de los Goces,
consiguió transformarse
en los Tres Oráculos
y un solo Templo nomás
que siempre
quiso ser,
para enseñarle a sus hombres
y mujeres
los secretos del placer
y la perdición,
el modo de entregar sus hijas
a la escritura.

Cada noche, en nuestros
sueños de púberes
corderas,
la Veritas era transfigurada
en la dicotomía
del bien
y del mal,
haciéndonos creer
que podíamos, castamente,
ser cazadoras de lobos,
con la vaga memoria
de haberla
conocido en otro tiempo.

Imaginando que la vida
sólo era una infinita
repetición
de dioses cuervos de ojos
amarillos,
predicando en lo alto
de las ramas,
religando los sonidos
caídos del cielo,
recolectando los tickets
guardados
en los bolsillos de su grey.

Cercanas ya a perder nuestros
ojos, aun antes
de volver a ser vírgenes,
habitábamos
sin tiempo
en la oscuridad
segura
de nuestras cuencas vacías.