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Agregado el 4 Sep. 2017 en

Enrique Butti
Nacimiento1949
IdiomaEspañol
CiudadSanta Fe
ProvinciaSanta Fe
PaísArgentina
En el FIPREdición 8Edición 25Edición 1
Enrique Butti

Enrique Butti

Publicó Poemas, un número monográfico de la revista Omero. Además, publicó las novelas Aiaiay (Sudamericana, 1986), No me digan que no, Carnavalito (Colihue),  Indí (Losada),  El Novio (El Cuenco de Plata) y El Centro de la Gravedad (Palabrava  y Colihe) y los libros de cuentos Solfeo (Eco, México), La daga latente (Colihue) y Santos y desacrosantos (Ross).

 

De Amor se fue

 

Liberto

Ya está, licenciado con tu venia
liberto rubricado con tu firma
libre ya de tus dádivas y halagos
del peso de tu lastre y tus cadenas
sin freno y rienda, suelto y desatado
del carro que azuzado yo arrastraba
de asistir con mi sangre a tu agonía
de dar luz y aplaudir al escenario
y al dosel de tus cópulas brutales.

Yo, el mismo que elegiste en la subasta
el miserable esclavo regalado
el infiel desollado casi muerto
de aquel yugo feroz al que devuelves
sin de nuevo esperanzas engrillado
a ser sólo de mí extraviado dueño.

 

 

Estás en mí

“Por una pequeña chispa/ que yo no hice caso/
se formó el incendio/ acabó conmigo/ acabó con mi alma”
Anastasio Quiroga.

 

Estás en mí como una luz
que no se apaga nunca.
Bueno, no exageremos,
no un sol
ni un faro,
apenas un candil
en el cuarto del niño temeroso,
un pabilo nadando en aceite
en el sagrario de la oscura catedral
o un incesante cigarrillo
que alguien alienta
detrás de un vidrio
al fondo de una sala nocturna de hospital.

 

 

De Apuntes sobre la Recherche

 

Gigantes

Desatándolo de nosotros mismos
como la diligente araña su hilo
al tiempo segregamos obstinados.
El tiempo segregamos y tejemos
o nos ovillamos en él trepando
imperiosos una escarpada cumbre,
forzados, gobernados, sostenidos
por las hebras que con fuerza arrancamos
de una honda, oculta y sigilosa entraña.
No hay ni hubo ni habrá entonces movimiento,
hesitación, inquietud o suspiro
que no haga temblar en traidoras ondas
esa endeble red que busca expulsarnos.

La imagen concreta llega en la página
donde Marcel concluye su odisea,
allí donde se asombra del estado
en que se mantiene el anciano duque
de Guermantes, justo antes de que el hombre
quiera levantarse de su sillón
y sobre sus piernas flojas vacile
y trastabille –una hoja temblequeante
en lo alto de sus ochenta y tres años-
porque es como si los seres humanos
estuvieran cada uno encaramado
sobre zancos vivientes que crecieran
sin descanso, siempre, a cada momento,
a veces más altos que campanarios
para una marcha llena de peligros,
una obstinada marcha hacia adelante
en la cual no dejarán finalmente
de desplomarse.

 

 

Gran falta de delicadeza

Una obra en la que se expone
una teoría que la discierne, dice,
es como un objeto
al que se le deja el precio.

 

 

El influjo del aburrimiento

La señora de Guermantes
se refugió en el mundo
de los artistas prestigiosos
porque creía firmemente
que aburrirse con facilidad
garantizaba una superioridad intelectual.