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Agregado el 4 Sep. 2017 en

Agustina Lescano
Nacimiento1992
IdiomaEspañol
CiudadSanta Fe
ProvinciaSanta Fe
PaísArgentina
En el FIPREdición 25
Agustina Lescano

Agustina Lescano

Escribe poesía y narrativa. Es narradora oral escénica.  Publicó el libro de poesía Nena (Corteza Ediciones, Santo Tomé, 2016), por el que obtuvo el Premio Provincial de Poesía José Pedroni 2016 en la categoría de obra edita. Además, forma parte de la Colección Dos poemas (Ediciones Arroyo, Arroyo Leyes, 2016) y publicó el libro de relatos Se rompió la máquina (Colectivo Editorial 4 Ojos, Colección Dominó, Santa Fe, 2015) . Poemas suyos fueron editados en antologías y en los fanzines Yerba y Chochan. Forma parte del grupo de poesía La Chochan, con el que organiza trasnoches de lectura, talleres y ferias editoriales. Junto al grupo Maraña de narración oral escénica presenta distintos espectáculos para niñas, niños, jóvenes y adultos. Participó en 2017 de la Residencia Enciende Bienal de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires. Estudia Comunicación Social en la Universidad Nacional de Entre Ríos.

 

 

Inéditos

 

Modelaje

Dos bombuchas metidas en el corpiño de la malla
armaban el escote en los desfiles
que hacíamos al lado de la canilla del patio
sobre la pasarela diminuta
que nos dejaban los chicos
jugando al fútbol.
El estilo pasaba
por la combinación de colores
y a la que se le pinchaba una teta
la aplaudían, empapada.
Yo, que no iba a tener nunca
esa delantera
ni todo lo demás
practicaba para no hacerme
tanto problema.

 

 

Miralo al lapacho blanco

ilumina la cuadra
desde el patio
del Colegio Nacional.
Si doblás en la esquina
y caminás, ves primero
la pintada en la esquina
que reza con ese magnetismo
que sigue bajando, nena
y en la mitad
de la vereda
las flores que brillan
como si soltaran el humo
después de haber fumado
durante todo el día.
Claro, ahí era antes
el Cementerio Municipal
en pleno centro
en cambio ahora
pusieron a los muertos
en el oeste
donde corresponde
por donde entró el agua
y se caen los panteones
mientras que el lapacho
florece con luz blanca
y te marca el camino
a casa.

 

 

Caza

Un grillo es lo único que se escucha.
Mi cama está pegada a la ventana
que da al pulmón del edificio
y el ruido me rebota
en la cabeza.
Me levanto y salgo
con muy pocas
probabilidades de encontrarlo.
Dejo en la cama
otros asuntos que tampoco
me dejan dormir.
El vecino que trabaja de noche
llega y me encuentra
sentada en la escalera
a la madrugada.
Me pregunta, cómo estás
le digo muy bien
vos.

 

 

Todos juntos

Siempre quiero
que llegue otra cosa.
Recién empieza a irse el calor
y nos vamos para el río
nos sentamos a la vera
de lo que nos dejaron del río
yuyos y charcos y
las torres que tienen bajada propia
y se comen todo el dique.
Allá en el salón hay una fiesta
con música y luces
que nos dan en la cara
reflejan en la botella
y caen en el agua
como una línea verde
que fosforece.
Cruzando la raya pasa
un pez enorme, una víbora
o un yacaré
no se distingue bien
si es un miembro de la fauna autóctona
que no sabe para dónde disparar
un bicho perdido
vagabundo del litoral
corrido por la creciente
a la par de los camalotes
y acompañado siempre
por una familia de mosquitos.
Pero mirá si se viene para acá
y tomamos otro vino, todos juntos
bien agarrados
de nuestras remeras
de tu mano
de lo que decís
que nos hace reír
y el eco que se forma
de tu risa y la mía
rebota en el agua.

 

 

Prender velas

No hay luces en las calles
de La Vuelta del Paraguayo
sólo ilumina el camino
el agua del Riacho.
Las gotas brillan
para contestarle
a los reflectores de la ruta
que desde ahí, parecen
un montón de velitas
en la torta de cumpleaños
de alguien más.
Se mueve y resplandece el agua
abrazada por la calle de tierra
que une el comienzo del barrio
con el final.
Como muchos de nosotros
el pedazo de río no sabe
cuál es su lugar
y lo busca.

 

 

Balneario

En el río a los padres
hay que llamarlos por sus nombres
en cambio con gritar mamá
la que te pertenece te mira
fresca desde la sombra de un árbol
o transpirada con un pañuelo
o como sea que prefieras.

 

 

Mi viejo se quedó

Había prueba de Lengua
Me desperté temprano y me senté
a mirar por la ventana que da a la Avenida
No fui a la escuela
porque Ariel, el del transporte
tenía agua en la casa.

Sabía que al otro día
tampoco iba a haber prueba
ni transporte
pero tenía en el regazo
mi carpeta oficio amarilla
con personajes fantásticos

y seguía pescando en ese pozo
con los ojos y las manos
alguna distracción.
Pasó el Lea preguntando
por sus viejos,
al rato tocó timbre su papá
para saber si los chicos
no habían pasado.

Colchones y televisores
y mi viejo hasta las manos
pasó a dejarnos una radio a pilas
Entonces nosotros fuimos
a la casa de un amigo
yo hice una bolsa con los buzos
y otra con las cartas.

Papá contó que una noche
los hombres frieron papas
en una olla para alumbrar
las puertas de las casas.

 

 

De la Colección Dos poemas (2016)

 

Arrancar

Lo mejor del desayuno
es sentarse arriba de la mesada.
El cuerpo dormido
se despierta
con el frío del metal.
El vidrio brilla en la puerta
y la luz del día comienza
a hacer efecto en las cosas.
Tengo el ángulo justo para cebar
y apoyar el termo al lado
y en la cocina se reúnen
las tres únicas soluciones
que encuentro últimamente
para algo
agua hirviendo,
sol
y detergente.

 

 

De Nena (2016)

 

Nena

La botella y yo
transpiramos en la vereda
el aire está casi tan espeso
como la calle
y deja a todos en el barrio
mirando hacia el fondo de la avenida
como si fuera a pasar algo.
A la hora de siempre
aparece el loco
corriendo con la camisa abierta
y en la mano una bolsa de mercado
vacía y con los bordes descocidos
donada por alguna familia
que ahora usa bolsas de plástico
para comprar cosas y después tirarlas.

Yo era chica y un tipo en la tele
hablaba sobre el tema: linyeras
salí a la puerta y le pregunté a mamá
qué era.
Apareció el loco a la misma hora
y mi mamá señaló con la cabeza
yo lo quede mirando y él me gritó
y siguió corriendo
qué pasa, nena
nunca viste un hombre.

 

 

El patio de mi abuela

terminaba en una ligustrina
hasta que mis tías pusieron pared de cemento
y el aire quedó encerrado
en un rectángulo blanco y gris.
Ahora mi abuela no tiene que podarla
y cada tanto saca la manguera
para espantar el calor
pero la pared no tiene raíces
ni agujeros.
Los movimientos de sus piernas
de los recuerdos, y de los escondites
de la plata
son ahora líneas que se chocan entre sí
y forman rectángulos
al borde de la cama.
Creo que no necesitaba
que la cuidemos tanto.
Yo soy la más grande
y ella se acuerda siempre
de mi nombre
y que estoy en el último año.
De mis primos no tanto.