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Agregado por el 21 21UTC agosto 21UTC 2016 en Poetas

Laura Martínez Coronel

Laura Martínez Coronel

Nació en 1965 en Melo, departamento de Cerro Largo, Uruguay. Actualmente reside en Villa Ituzaingó, departamento de San José. Poetisa, docente y narradora oral, trabaja con personas de contexto social crítico, discapacitados motrices y también con talleres de rehabilitación psicosocial. Publicó Eclipse de mar y sangre (1998), El tiempo de la lluvia (1999), En la piel de un relámpago (2001), El sueño de Andrea (2007), Una bandada de dados (Ático Ediciones Uy, Montevideo, 2011), Sólida en el incendio (Sediento ediciones, México DF, 2012) y Archipiélago de nadie (misma editorial, 2015). Obtuvo numerosos premios nacionales e internacionales. Es cofundadora de la Asociación de Escritores de Cerro Largo e integrante de la Casa del Poeta Latinoamericano y de la Casa del Escritor del Uruguay y columnista en la revista uruguaya Caras y Caretas. Administra el blog Los extraños mundos.

 

de Archipiélago de nadie (2015):

Mujeres

Mujeres que arden sobre fuente multiplicada
guitarras luminosas de alfabeto desatado
moscas palpitantes de impío desorden
mariposas que se reflejan en las lágrimas espejo de los bosques olvidados
Ropas atormentadas en desnudez de agua viva
hambre nocturna que nace desde sí misma
colores en las paredes olvidadas de cielo
manos café de nunca absurdo permanente
paciencia sonámbula de sombra
poesía contemplada pubis muerde grita
respiran las cisternas del hotel con escaleras estropeadas
la cama es un subterráneo de olores y sonidos
brotan las pirámides de mármol profundidad espejismo penitente
mujeres en el túnel de los párpados mirando úteros que sangran muerte
apagadas gritando soplan sobre sueños horas encendidas
comen pájaros proteicos en un acto inaugural
tocan mundo que centellea con dedos de agua río impropio
en la madrugada escriben nombres a pedazos
tiemblan en el pacto náufrago de la despedida
la boca de los senos son ojos esperando
en la genitalidad se nacen como un sol que se disipa
corren en el humo puente de las palabras en la ciudad donde todo edificio
oooooooestalla y los desiertos óseos
enseñan los cuatro puntos cardinales de la dicha.

 

Un mineral sonoro

Un arco de manos en la plaza
un nombre una telaraña un muerto
la desolación dice la mujer que rompe la calle con un puño
hay gatos con ojos en la pared
gatos amalgamados con rayos una mordida de espigas una guitarra exiliada
escondida en un minuto grito
subo desde la sangre respirando pueblo
un silencio gigante me rodea un pie con abejas que se ahogan
soy todos los pobres días de la aguja el amor que se nutre de las grietas
un susurro de pecho que llueve y también falta.
Aquel sólido musgo de la trampa
es la tierra de bruces por la boca del cielo
el volcán resplandeciente del espejo.
En el museo tejen una mortaja de corte irregular
y se empequeñecen los rostros delgados de la noche
mustia desdeñosa peligrosa luna
desplomadas ausencias de una vida que siempre continúa
con resplandor de frutas y tormenta
llego y el río abre sus ventanas
con su mesa invisible de soledad profunda
abren la herida de los subterráneos
y las banderas lavan los ojos de la ropa.
Cuando puedo regresar visito los armarios en el temblor de los números
el bosque es la felicidad que amenaza el territorio errático
oooooooal que ya no llegas
pues estaremos dormidos en idéntico ruego
con el vapor quejoso de un mineral sonoro
los dos como si fuéramos animales suburbanos
los dos como si ahora viajáramos inmóviles por un tiempo de no perdernos.
Así se ama sabiendo que la vida transcurre sin nosotros
traficantes de sangre en los cristales del viento.

 

Archipiélago de nadie

No dijo nada el árbol que reptaba sobre los ojos del bosque,
se dejó caer sobre la humedad viscosa de las paredes inútiles
No dijo nada el hombre desnudo sobre las piedras gemido posible
no dio vuelta su espalda circuncisa de fatalidad amable
subí la escalera extraña, el musgo
toda la frente empapada de luciérnagas de humo
médula apagada mariposa que resplandecía
era yo la que estaba allí?
era mi nombre acaso?
Pedí para retirar el almanaque –yo hago lo que quiero con el tiempo–
un coágulo de viento
todo tejido remotamente oscuro
el ajedrez el sol y las pirámides
No dije nada y regresé al saco furioso de mi historia
al otoño cítrico de mi primer abril
al hombre que a veces reconozco –otras veces me es tan ausente–
sonreí entre engendros violáceos y lenguas despalabradas
sola como un sol negro y una rama roja ocultando el bosque
las abejas verdes otros caminos nunca lineales
un espejo de salvación
no dije nada y me encorvé sobre los caracoles las semillas las estatuas
ya ha pasado la hora en la cual pertenecí al mundo
la matriz es un racimo de uvas que humean es calurosamente muerte dulce
oooooooarchipiélago de nadie
Soy una mujer azul como un piano sacudido por la noche
un edificio pluvial un juego absurdo
así soy no concibo el placer de la alegría
ni el estertor de la castidad de los naranjos
me pierdo en las ciudades por la noche, me pierdo de mi piel,
ooooooogasto mis ojos
y como un trozo de océano me extiendo sobre un hueco agreste
oooooooque no sabe dejar de gritar
el idioma de los pecados que me recuerdan el ruido de las lágrimas
en el dulce pesar de lo imposible.

 

Frutos y pirámides

Escapaba el oro de las manos, el mármol del fuego y también mi nombre
Escapaba la calle del ojo y algunos colores de ciénaga vertical
Escapaba la verde humareda, los amplios follajes, las multiplicadas aves
Escapaba mi pie, su doctrina de pie musical

En esa hora en que toda la sangre era un charco de luz
las palomas póstumas acariciando ventanas, ombligos encendidos, nube
en esa hora de lenguaje sonámbulo cuchillos blancos secos diccionarios
en esa hora de arena callada peces ahogados silencio de huesos opacos
descubrí tus ojos y casi era muerte mi vida
y casi era muerte

la noche centella de cabeza rota nieve de harapos
en que caminamos hasta el cementerio –yo temblando
en el manantial del trigo se encendió el relámpago
vi como paseaban por sobre mi espalda aquellas mujeres heladas y algunos
ooooooohombres oscuros
golpeaban gangrena huyendo entre aromas de vino y espanto
gastaban el horizonte desmoronándolo

El destierro repentino de la cólera
con un brazo en alto como quien detiene o expulsa el abismo
oooooooen una mirada abierta
un vago trazo de ruinas con la fugacidad increada de un sueño
me salvó
nos salvamos
en la primavera húmeda en el próximo invierno espejo de jardines fuentes
oooooooque sostienen la luz

hoy soñé que paría frutos y pirámides
hoy soñé que nacía resbaladiza y pura como un pájaro
desde la imposible matriz de los reptiles respiraba escribía desoía gritaba
la irrealidad transparente de un almanaque dormido sobre un piano.