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Agregado por el 27 27UTC julio 27UTC 2016 en Poetas, Portada

Biancamaria Frabotta

Biancamaria Frabotta

Nació en Roma, Italia, en 1946. Publicó en 1976 la plaqueta Affeminata, luego incluida en Il rumore bianco (1982). Sus otros títulos de poesía son: Appunti di volo e altre poesie (1985), Controcanto al chiuso (1991), La viandanza (1995, Premio Montale), Tierra contigua (1999 y 2011), La pianta del pane (2003, Premio de Lerici PEA y Premio Dessì), Gli eterni lavori (2005), I nuovi climi (2007) y Da mani mortali (2012). Es autora además de las novelas Velocità di fuga (1989), Quartetto per masse e voce sola (2009) y de la trilogía teatral Trittico dell’obbedienza (1996). Ha publicado dos monografías, Carlo Cattaneo (1971) y Giorgio Caproni, il poeta del disincanto (1993), y dos volúmenes de crítica literaria, Letteratura al femminile (1980) y L’estrema volontà. Studi su Caproni, Fortini, Scialoja (2010). Editó las antologías Donne in poesia (1976), Arcipelago malinconia (2001) y Poeti della malinconia (2001). En colaboración con Bruno Mazzoni ha traducido a la poeta rumana Ana Blandiana: Un tempo gli alberi avevano occhi (2004). Es profesora de Literatura Italiana Contemporánea en La Sapienza (Universidad de Roma). En reconocimiento a su trayectoria literaria, en 2016 le fueron concedidos el Premio Internazionale di Poesia Don Luigi Di Liegro y el Premio Poesia Città di Fiumicino.

 

de Da mani mortali (2012):

Versiones de María Cecilia Micetich

Son como las pulgas, los poetas

Son como las pulgas, los poetas
agazapados en el pelo del mundo.
Invisibles, allí están pasivos
en las horas dulces de los vivos
pero a su manera
y así casualmente dispersos
entre los tantos, singulares triunfos.
Oh, si muerden, en sus nidos,
y tienen, a veces, ciertos rostros
bajo los ojos de todos…
Y es necesario buscarlos, para que
dejen finalmente el fastidio
uno a uno y antes o después
ciertamente, desanidarlos, expulsarlos
de sus propios escondites
los pocos (¡demasiado pocos!) poetas.

Sono come le pulci, i poeti
acquattati nel pelo del mondo.
Invisibili, se ne stanno passivi
nelle ore dolci dei vivi
ma in un tale loro modo
e così a caso dispersi
fra i tanti, singoli vanti.
Oh, se mordono, nei loro nidi
e hanno, a volte, certi visi
sotto gli occhi di tutti…
E bisogna cercarli, perchè
smettano infine il fastidio
uno a uno e prima o poi
di certo, scovarli, stanarli
dai loro nascondigli
i pochi (troppo pochi!) poeti.

 

¿Y si se descubriera que aquello verdadero es Júpiter?

¿Y si se descubriera que aquello verdadero es Júpiter?
Desde hace mucho tiempo lo ha pensado el pequeño
que mañana cumplirá años.
Su corazón, inquieto por los mitos
puros, no conoce constricciones
más bien una curiosa destreza
recorrer las pistas ocultas
repasar las esperanzas perdidas
de una luminosa inmortalidad.
Con los dioses falsos y mentirosos
la épica del fulgor anochece
se desvanece la edad divina de los caprichos.
Los buscarás en las sombras de las nubes
en el pez que evade el anzuelo
en el relámpago que se apaga en el alba.
Nunca comerás del cuerpo
nunca beberás la sangre.
A los ocho años es triste alimentarse del Dios verdadero.

E se si scoprisse che quello vero è Giove?
A lungo ci ha pensato il piccolo
che domani compirà gli anni.
Il suo cuore, versatissimo ai miti
prolissi, non conosce costrizione
ma solo una curiosa destrezza
perlustrare le piste decadute
di una luminosa immortalità.
Con gli dei falsi e bugiardi
l’epica della folgore tramonta
svanisce l’età divina dei capricci.
Li cercherai nell’ombra delle nuvole
nel pesce che sfugge all’amo
nel lampione che si spegne all’alba.
Mai ne mangerai il corpo
mai ne berrai il sangue.
A otto anni è triste cibarsi del Dio vero.

 

Luego, un poeta

Luego, un poeta
sabe que no ser
no habría podido
pero también, día
tras día, salir
de la fila, esto sí
hubiera sido posible
porque un poeta sabe
que la obra termina
cuando se inicia, convive
en el azar y no
por un azar revive
como juntos vivieron
sino como murieron
porque un poeta sabe
cuándo llega su hora.

Dopo, un poeta
sa che non essere
non avrebbe potuto
ma anche, giorno
dopo giorno, uscire
dalla fila, questo sì
sarebbe stato possibile
perchè un poeta sa
che l’opera finisce
dall’inizio, convive
nel caso e non
per un caso rivive
come insieme vissero
ma come morirono
perchè un poeta sa
quando risuona la sua ora

Versiones de Jorge Aulicino

El verano de las estrellas menos vistosas

El verano de las estrellas menos vistosas
animaba a los habitantes y forasteros
a esperar el retorno de los antiguos climas.
Sobre la hierba amarilla, inestables entre los escasos
humores, quedaban por la mitad los aperitivos,
otra meta buscando las noches sin sueño.
Improvisados filo-astrónomos exploraban el cielo
y sus cambios en los pequeños telescopios
apuntados hacia los monumentos estelares.
Afelpando los pasos en la oscuridad residual,
husmeando la aparición de las menos
luminosas del otro lado del cono de sombra
donde las virtudes estacionan imperfectas,
la humanidad de aquellos extraños tiempos
salía a la caza de nuevas luces
y en la lente que devolvía
al revés aquellos cuerpos desenterrados,
perdía la buscada claridad.

L’estate delle stelle meno appariscenti
incoraggiava abitanti e forestieri
a sperare nel ritorno degli antichi climi.
Sull’erba gialla instabili fra gli scarsi
umori restavano a metà gli aperitivi
altra meta cercando le notti senza sonno.
Improvvisati astrofili perlustravano il cielo
e i suoi mutamenti nei piccoli telescopi
puntati verso i monumenti stellari.
Felpando i passi nel buio residuo
fiutando la comparsa delle meno
luminose al di là del cono d’ombra
dove le virtù stazionano imperfette
l’umanità di quegli strani tempi
usciva a caccia di nuovi lumi
e nella lente che restituiva
capovolti quei corpi dissepolti
perdeva la cercata chiarezza.

 

Había apenas cerrado los ojos sobre el libro

Había apenas cerrado los ojos sobre el libro
–sentía aún su peso sobre el pecho–
en la leve brisa de la duermevela
se estremecían las hojitas del mirto
por el enjambre que subía de la tierra
pero no hacía caso. Demasiado
el pensamiento de la prueba inminente
lo embargaba y no temía otra cosa
su joven edad, que siente todo amigable.
Soñaba la patria artificial de la infancia.
Soñaba, con una piedra sobre el pecho,
la última palabra que había leído.

Aveva appena chiuso gli occhi sul libro
– ne sentiva ancora il peso sul petto –
nella lieve brezza del dormiveglia
rabbrividivano le foglioline del mirto
allo sciame che saliva dalla terra
ma lui non vi faceva caso. Troppo
il pensiero della prova imminente
lo assillava e altro non temeva
la sua giovane età, cui ogni cosa è amica.
Sognava la patria artificiale dell’infanzia.
Sognava, con una pietra sul petto
l’ultima parola che vi aveva letto.

 

Con qué gentileza se asoma entre las vigas

Con qué gentileza se asoma entre las vigas
la mano blanca de polvo. Uno cualquiera
me reconforta. Con el brazo, con el agua,
con la luz, en su cuarto, por todas partes
buscando, hurgando, apartando las piedras.
Me verán finalmente en el vientre de la tierra.
Si miramos atentos, Haití está debajo de Haití,
cauto, para no quemar oxígeno.
De la luz del video, de su tedio,
nos deshilachamos hacia la laboriosa mañana,
en el escándalo del aire superfluo.

Con quale gentilezza si affaccia tra le travi
la mano bianca di polvere. Uno qualunque
mi conforti. Con il braccio, con l’acqua
con la luce, nella sua camera, ovunque
cercando, frugando, spostando le pietre.
Mi vedrete infine nel ventre della terra.
Stando attenti, Haiti è sotto Haiti
piano, per non bruciare ossigeno.
Dalla luce del video, dal suo tedio
ci sfiliamo verso l’operoso mattino
nello scandalo dell’aria superflua.

Versiones de D.G.Helder

Los nuevos climas

El jardín parecía una habitación
que una ráfaga de viento hubiera
cerrado de un portazo.
La destrucción era total.
Andando despacio, con cuidado
de no pisar las bulbos abatidos
los raros azafranes pelados por el estruendo
las trompetas tan sutiles y comunes
que adornaban la gran piedra
sacada a la luz por la excavadora
pensé que todo estaba floreciendo
al revés, las raíces a tientas
por los míseros vapores, los pétalos rancios
apresados bajo el lodo
como perros con cadena.
El inesperado aluvión de Pascua
había recorrido el reino entero
con la bestialidad de una herejía.
Tal vez entre las grietas pudiera rebrotar el pálido eucalipto
tan útil contra los pantanos. Pero ahora que todo ha sido edificado
piedra sobre piedra, ¿qué hacer con esta ávida hidrobomba?

*

En invierno de dos mil siete
nos salteamos el invierno.
Como en un capricho de Goya
el otoño empezó y no terminó
sino, en primavera, con las moscas
que nunca se murieron, dentro
de un espejo inquieto y venenoso.
En la ciudad casi no se dieron cuenta
de la deliberada tibieza
inmersos como estaban en el
tráfico de sus quehaceres
cotidianos –solo alguno
a veces se desvelaba de noche
con un pie hinchado, el pelo
todo revuelto, aunque cortado
hace poco, la camiseta de dormir
enrollada sobre el vientre
o totalmente desnudo bajo el edredón.
En el campo cada yema sufría
la falsa hinchazón de las venas engañadas
por el sol cálido de esos días en que
de los prados manaba una
intrépida hierba incolora.

I nuovi climi
Il giardino sembrava una stanza
che un colpo di vento avesse chiuso
sbattendo la sua unica porta.
La distruzione era totale.
Camminando a fatica, attenta
a non pestare i bulbi sconvolti
i rari crochi pelati dallo scroscio
i tromboni così gentili e comuni
che ornavano la grande pietra
portata alla luce dalla scavatrice
pensai che tutto stesse fiorendo
a rovescio, le radici brancolanti
nei miseri vapori, i petali marci
trattenuti sotto dal fango
come cani alla catena.
L’inattesa alluvione di Pasqua
aveva percorso l’intero regno
con la violenza di un’eresia.
Forse tra le crepe sarebbe ricresciuto il pallido eucalipto
così utile contro le paludi. Ma ora che tutto è stato edificato
pietra su pietra, che farsene di questa vorace idrovora?
*
L’inverno del duemila e sette
saltammo l’inverno.
Come in un capriccio di Goya
l’autunno cominciò e non finì
se non, a primavera, con le mosche
che non erano mai morte, dentro
uno specchio inquieto e velenoso.
I cittadini quasi non si accorsero
del premeditato tepore
immersi com’erano nel
traffico delle loro imprese
quotidiane – solo qualcuno
talvolta si svegliava di notte
con un piede più gonfio, coi
capelli scomposti, per quanto
tagliati di recente, le bluse
dei pigiami arrotolate sui ventri
o in totale nudità sotto i piumoni.
In campagna ogni gemma soffriva
nel falso turgore dei getti traditi
dal sole caldo di quelle giornate
che dai prati emanavano una
intraprendente erba incolore.

 

Son los días más largos del año

Son los días más largos del año
pero el flash se dispara lo mismo
sobre la apariencia difusa de las cosas.
Para algunos no tiene sentido
esta luz en la luz, más débil
e inaccesible, como el uno para el otro
entre los brazos del amante, cuando
se esfuman las poses risueñas
se acorta la respiración y entre los pájaros
de alas doradas se corre la voz de que
demasiados retozan en la misma rama.

E’ la stagione dei giorni lunghi
eppure il flash scatta ogni volta
sulla fisionomia sfocata delle cose.
Ad alcuni pare infondata quella
luce nella luce, più debole
e inaccessibile, come l’uno all’altra
fra le braccia dell’amante, quando
sfumano le pose in cui si ride
si fa corto il respiro e fra i gruccioni
dalle ali d’oro si sparge la voce
che in troppi saltellano sullo stesso ramo.

 

Desde aquella isla herbosa

Desde aquella isla herbosa
solo tú me llamas por teléfono
hombre de pocas palabras.
En la bruma de la voz
repite un nombre la oscuridad
apretada en un puño.
Y rueda dentro de mí como un trueno
tu parca despedida
desde aquella remota rama
del Imperio, donde voluntariamente
a la vista de los amigos vives exiliado.
Ya no queda más que sangre en el rostro.
Dices: Bianca. Y yo: Marco. ¿Dónde estamos?
Entre personas y lugares no muy comunes
a mitad de camino susurra una lengua apagada.
Oh patria que dejas irse a tus poetas!

Da quell’isola erbosa
solo tu mi telefoni
uomo di poche parole.
Nella bruma di voce
ripete un nome il buio
serrato dentro un pugno.
E rotola dentro me come un tuono
il tuo scarno commiato
da quella remota propaggine
d’Impero, dove volontariamente
alla vista degli amici vivi esiliato.
Ora non resta altro che il sangue nel viso.
Dici, Bianca. E io, Marco. Dove siamo?
Fra persone e fra luoghi non più comuni
a metà strada una spenta lingua sussurra.
Oh patria che lasci andare via i tuoi poeti!

 

de La pianta del pane (2003):

Versiones de Martha Canfield

Como si el sueño recíprocamente los raptara

Como si el sueño recíprocamente los raptara,
en la oscuridad cruzan los dedos
se rozan con la punta de los pies
y piensan: los extremos se tocan
en el corazón de la noche.
Uno de los dos incluso ya sueña por el otro.
Propenso más al contagio que al presagio
se adormece el amor conyugal
de la mano, la cintura ceñida
como para bailar, mientras la otra
vida empuja en las puertas de lo reprimido
y las vence. Ambos del lado izquierdo.
El alba los despierta un poco más hermanos.

Quasi che il sonno, l’uno all’altra
li rapisse, nel buio intrecciano le dita
si sfiorano con la punta del piede
e pensano – gli estremi si toccano
nel cuore della notte.
Uno dei due già sogna anche per l’altro.
Incline più al contagio che al presagio
s’addormenta l’amore coniugale
mano nella mano, la vita cinta
come per una danza, mentre l’altra
vita preme ai cancelli del rimosso
e li piega. Entrambi sul fianco sinistro.
L’alba li sveglia un poco più fratelli

 

Mi esposo tiene un corazón generoso

Mi esposo tiene un corazón generoso
como ese dios que dona el primer verso.
De noche no se tira las frazadas
hacia el pecho ni me pinchan sus pelos
y al despertar quisiera unirse al coro
anónimo que sol y hambre asedian.
Mi esposo desconfía de las horas oscuras
y a su lado siento que me avergüenzo.
Y hasta de avergonzarme me avergüenzo.
Mi esposo desconfía de las cosas oscuras.
Así, por amor de él, cambiaré de estilo
atesorando para él cosas claras.

Mio marito ha un cuore generoso
come quello del dio che dona il primo verso.
La notte a sé non tira le coperte
sul petto non mi pungono i suoi peli
e al risveglio vorrebbe unirsi al coro
anonimo che sole e fame assillano.
Mio marito diffida delle ore scure
e al suo cospetto io mi vergogno.
E anche di vergognarmi mi vergogno.
Mio marito diffida delle cose oscure.
Così, per amor suo, io cambierò stile
e per lui terrò in serbo cose chiare.

 

En la promiscua y dulce cárcel

En la promiscua y dulce cárcel
nos dividimos el botín todas las noches.
Los días de breve distancia
y no su largo recorrido.
Uno a uno, como las cuentas del rosario
con la negligencia de los eventos.
Aun para nosotros dos, ladronzuelos
de huellas, en la almohada, que es nuestra
de las piedras negras dividamos
el futuro que no es nuestro
con sabia perspicacia
de las venas metálicas
librémosla, de la inicua redada
la seda del capullo.
Días del tiempo, superfluos y absolutos.

Nel dolce carcere promiscuo
ogni notte ci spartiamo il bottino.
I giorni di breve distanza
e non la loro lunga corsa.
Uno ad uno, come i grani del rosario
con la noncuranza degli avvenimenti.
Anche per noi due, ladroncelli
d’orme, sul cuscino, ch’è nostro
dalle pietre nere, dividiamolo
il futuro non nostro
con savio accorgimento
dalle vene metalliche
liberiamoli, dalla iniqua retata
i cascami della seta.
Giorni del tempo, superflui e assoluti.

Versiones de Erika Reginato

Los signos del cielo
(Georg. I, 487-8)

I
Era ella la arbórea reina
el gigante de la fiesta
su atenuado tambor.
Gran planta inconciliable
radicada detrás
de una áspera cordillera
consejera de la media luna
de cualquier mayo feliz
en sus improvisados refugios
creciendo a la par de los otros
en el general murmullo
de sus larvas apenas entonadas.
Dicen que después de cincuenta años
en medio de las pequeñas hojas encrestadas
se anudarán sus primeras bellotas.

II
Si todo transcurre a nuestras espaldas
y en la ciudad son extraños los signos del cielo
quién los recogerá allá abajo
donde los rayos persiguen
los dóciles grumos mondados aún crudos
y medio vacíos, las ramas
del verde aniquilado, el tronco
obligado a arrodillarse
como quien recibe un disparo en la nuca.
¿Quién nutrirá entre sus nidos adheridos
la fuerza viva de la abubilla sedentaria
y el concertador vuelo de las garzas
si todo a nuestras espaldas cae?

I segni del cielo
(Geor. I, 487-8)
I
Era lei, l’arbore regina
il gigante della festa
il suo attutito tamburo.
Grande, inconciliata pianta
radicata come sul dorso
di un’aspra cordigliera
consigliera della mezzaluna
di un qualche maggio felice
nei suoi improvvisati ripari
al pari d’altri crescendo
nel generale mormorio
delle sue larve appena intonate.
Dicono che solo dopo cinquant’anni
in mezo alle piccole foglie crestate
si annoderanno le sue prime ghiande.
II
Se tutto alle nostre spalle accade
e rari in città sono i segni del cielo
chi li raccoglierà la giù
dove i fulmini si inseguono
i miti cespi mondati ancora crudi
e vuoti al mezzo, i rami
del verde annichilato, il tronco
costretto in ginocchio
come uno sparato alla nuca.
Chi nutrirà tra i suoi nidi anneriti
la forza viva dell’upupa stanziale
o il concertato volo delle gazze
se tutto alle nostre spalle cade?

 

A veces si uno duerme

A veces, si uno duerme
el otro, medio desvelado vigila.
Fiel al turno y extenuado
no cede en el ignoto sagrario.
Como un portero de noche
como un centinela inclinado
sobre el rehén, que en cada
respiración se sobresalta, cuidando
sobre el filo de la espada
que no lo conduzca a la injuria
tanto arrastrarse
en el precario esplendor
de la hierba tranquilizante.

Talvolta, se uno dorme
l’altra, in semiveglia vigila.
Fedele al turno e stremata
al ignoto sacrario non cede.
Come un portiere di notte
come una sentinella chinata
sull’ostaggio, ad ogni suo
respiro sussulta, badando
sul filo della spada
che non gli rechi oltraggio
tanto trascinarsi
nel precario splendore
dell’erba tranquillante.